Las radiografías dentales nos permiten ver lo que está sucediendo entre los dientes, debajo de la línea de encía y dentro del hueso, áreas que un examen visual solo no puede evaluar. Las caries que se forman entre los dientes, las infecciones en las puntas de las raíces, la pérdida ósea por enfermedad de encías y los dientes impactados son visibles en las radiografías antes de que causen síntomas.
Utilizamos tecnología moderna de radiografías digitales que captura imágenes instantáneamente en un sensor colocado en su boca, sin película, sin esperar el revelado. Las radiografías digitales usan de 70 a 90 por ciento menos radiación que las radiografías de película tradicionales, y las imágenes digitales se pueden mejorar, ampliar y compartir para segundas opiniones o consulta con especialistas.
La frecuencia de las radiografías se adapta a su riesgo e historial individual. La mayoría de los adultos con bocas saludables tienen radiografías de boca completa cada 3 a 5 años y radiografías de aleta mordible cada 1 a 2 años. Los pacientes con mayor riesgo de caries, enfermedad periodontal o preocupaciones específicas pueden necesitar imágenes más frecuentes. Los pacientes pediátricos tienen radiografías basadas en necesidades de desarrollo y factores de riesgo.
Nunca tomamos radiografías innecesariamente. Cada radiografía se toma porque hay una razón clínica, y explicamos esa razón antes de capturar cada serie. La dosis de radiación de una serie de aleta mordible de rutina es comparable a unas pocas horas de radiación ambiental de fondo normal.